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El estudio de los efectos combinados de las enmiendas del suelo y la inoculación con hongos micorrícicos sobre la respuesta de diferentes especies de plantas durante el proceso de fitoestabilización de suelos contaminados con elementos traza es complejo. Esta tarea se complica aún más cuando los experimentos se realizan en condiciones de campo, aunque los resultados son más realistas.

Investigadores del IRNAS-CSIC y del EEZ-CSIC han evaluado los efectos combinados de dos dosis de enmienda (una dosis baja y otra alta) y la inoculación con hongos micorrícicos sobre la respuesta de plantones de acebuche y pino piñonero, en una parcela con suelo contaminado. Las enmiendas utilizadas fueron una mezcla de espuma de azucarera y compost biosólidos. Los tratamientos de inoculación se realizaron con un inóculo comercial de hongos micorrícicos arbusculares para acebuche y hongos ectomicorrícicos para el pino piñonero. La parcela experimental está localizada en el Corredor Verde del Guadiamar (Sevilla).

Los resultados mostraron que la inoculación de micorrizas no tuvo apenas efecto sobre el crecimiento, la supervivencia y la acumulación de elementos traza en las plantas. Sólo se observó un aumento significativo en la acumulación de P en hojas de pino en condiciones control, pero no con las enmiendas. En general, el efecto positivo de las micorrizas sobre la nutrición del P es más patente en condiciones de estrés y se puede anular en condiciones más favorables.

Las enmiendas fueron muy efectivas reduciendo la disponibilidad de elementos traza en el suelo y su acumulación en los árboles jóvenes, especialmente en las raíces. Sin embargo, los efectos sobre la biomasa fueron dependientes de la especie y opuestos. La dosis baja (30 T ha-1) de enmienda aumentó la biomasa del acebuche en un 33%, pero redujo en un 28% la del pino. Por otro lado, la dosis alta (60 T ha-1) produjo algunos efectos negativos sobre el crecimiento y la nutrición de las plantas, probablemente relacionados con el aumento de la salinidad del suelo.

Tanto el pino piñonero como el acebuche, han demostrado ser plantas adecuadas para la fitoestabilización de suelos contaminados bajo clima mediterráneo, por su tolerancia a la sequía y la baja transferencia de elementos traza de la raíz a la parte aérea, reduciendo así la toxicidad para la cadena trófica.

Como conclusión de este estudio, destacamos que para mejorar el estudio de la fitorremediación asistida por microorganismos, se necesita una mejor comprensión de la diversidad y la ecología de los microorganismos asociados a las plantas. Sería deseable el uso de hongos micorrícicos autóctonos, adaptados localmente y tolerantes a la contaminación, para promover la fitoestabilización de elementos traza.

El estudio se ha publicado en la revista Science of the Total Environment:

Madejón, P., Navarro-Fernández, C.M., Madejón, E., López-García, A., Marañón, T. (2021). Plant response to mycorrhizal inoculation and amendments on a contaminated soil, Science of the Total Environment, vol. 789, art. 147943.

Las diferentes estrategias vegetales en el uso de los recursos se pueden ordenar según un gradiente o “espectro de economía” que resulta del compromiso entre maximizar el crecimiento y la captura de los recursos (estrategia adquisitiva) frente a la estrategia conservativa con órganos más protegidos y duraderos. En este contexto, es de gran relevancia conocer la cantidad de fotosintato que la planta invierte en construir las raíces finas que exploran el suelo para absorber agua y nutrientes.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Córdoba, en colaboración con el IRNAS-CSIC, CEBAS-CSIC y la Universidad de Brandenburg-Cottbus, ha estudiado los componentes del coste de construcción – concentración de carbono, minerales y nitrógeno orgánico – en las raíces finas (menores de 2 mm de diámetro) de 60 especies leñosas mediterráneas. El tipo de asociación con microorganismos simbiontes tuvo gran influencia sobre la contribución de las diferentes componentes del coste de construcción de la raíz. Así, la concentración de minerales fue más importante en las raíces de plantas asociadas a hongos ectomicorrícicos (EcM), mientras que el nitrógeno orgánico fue dominante en las raíces con bacterias fijadoras de nitrógeno atmosférico. Es decir, la estrategia en el uso de recursos asociada con un determinado tipo de microorganismo simbionte modula el compromiso entre los componentes estructurales y metabólicos, durante la construcción de la raíz.

Las condiciones ambientales también afectan al coste de construir las raíces. En los suelos más pobres, la energía gastada por unidad de masa de raíz fue mayor que en condiciones más fértiles y favorables. Las especies que toleran el estrés por escasez de agua y nutrientes suelen tener una estrategia conservativa de recursos, con raíces más costosas y duraderas.

El estudio concluye que el coste de construcción de las raíces es un rasgo funcional clave de las plantas, relacionado con sus estrategias en el uso de los recursos, el tipo de asociación con simbiontes y la disponibilidad de agua y nutrientes en el suelo.

Se ha publicado en línea el 7 de febrero 2021 en la revista Journal of Ecology:

de la Riva EG, Prieto I, Marañón T, Pérez‐Ramos IM, Olmo M, Villar R (2021). Root economics spectrum and construction costs in Mediterranean woody plants: The role of symbiotic associations and the environment. Journal of Ecology , 109: 1873-1885.

La restauración de antiguas zonas mineras, en particular si están ubicadas cerca de ciudades o pueblos, es esencial para reducir sus riesgos potenciales para la salud humana y minimizar sus impactos visuales.

En este estudio, liderado por investigadores del IRNAS-CSIC, en colaboración con investigadores de la Universidad de Sevilla y de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de Andalucía (AMAYA), se ha evaluado la efectividad de la rehabilitación de una escombrera (Cabezo de los Gatos), derivada de la actividad minera, junto al pueblo de Tharsis (Huelva). El proceso de rehabilitación, realizado hace doce años, consistió en la remodelación de la pendiente de la escombrera, la aplicación de enmiendas calizas y posterior aplicación de una capa de suelo. Finalmente, se plantaron árboles y arbustos propios de la zona y se aplicó una hidrosiembra con mezcla de semillas de arbustos y herbáceas.

Los resultados obtenidos muestran que las medidas aplicadas fueron exitosas, de forma que doce años después, la vegetación leñosa cubre la parte superior de la zona rehabilitada y proporciona un paisaje visual verde para los habitantes del pueblo. Además, se ha comprobado que la vegetación que crece en la zona superior no presenta niveles importantes de elementos traza (potencialmente tóxicos) en su parte aérea.  

En contraste, la parte inferior de la ladera está casi desprovista de vegetación. Además, algunas de las plantas que crecen en la base de la ladera, como la jara pringosa (Cistus ladanifer), presentan concentraciones de cadmio (Cd) por encima del nivel máximo tolerable para los animales; por tanto, representan un riesgo de toxicidad para el ganado.

Interpretamos que esta anomalía está relacionada con el drenaje ácido de la escombrera que provocó una fuerte disminución del pH del suelo en la parte inferior de la ladera. En consecuencia, se produjo una mayor disponibilidad de elementos traza potencialmente tóxicos y su acumulación en las hojas de las plantas. Este efecto adverso se manifestó en una menor cobertura de la vegetación.

En vista de los resultados obtenidos, se propone una técnica alternativa para restaurar escombreras de minas, mediante la clasificación y manejo selectivo de los residuos extractivos. Esta técnica consiste en gestionar los residuos de excavación y seleccionarlos por sus propiedades geoquímicas; separando los materiales potencialmente generadores de ácido y los no generadores de ácido. Posteriormente, los desechos no generadores de ácido deben colocarse en la parte externa de la escombrera, como una cubierta protectora que evite la contaminación del agua. Así se reducen las tasas de infiltración, las filtraciones y el efecto negativo del drenaje ácido de la mina.

El estudio se ha publicado en la revista Journal of Environmental Management:

Madejón, P., Caro-Moreno, D., Navarro-Fernández, C.M., Rossini-Oliva, S., Marañón, T. (2021) Rehabilitation of waste rock piles: Impact of acid drainage on potential toxicity by trace elements in plants and soil. Journal of Environmental Management, 280, art. no. 111848.

Los hongos son una parte importante del microbioma del suelo, con funciones esenciales en el ecosistema. Contribuyen al ciclado de nutrientes, mediante la descomposición de la materia orgánica; forman simbiosis con las plantas (micorrizas) para explorar un volumen mayor de suelo y captar agua y nutrientes; por otra parte, los patógenos regulan las poblaciones de plantas.

Un equipo de investigadores del IRNAS-CSIC, en colaboración con investigadores de las universidades de Sevilla, Jaén y Copenhague, ha estudiado la diversidad de hongos del suelo y su relación con los árboles en el Corredor Verde del Guadiamar (Sevilla). Esta zona ha sido recuperada y reforestada después de sufrir la contaminación por un vertido minero en 1998.

Gracias a las técnicas de secuenciación masiva se han podido identificar más de 9.000 especies diferentes (técnicamente, UTOs unidades taxonómicas operativas) de hongos en 50 muestras de suelo procedentes de dos sitios contrastados, dentro del Corredor Verde. En el sitio sur (Quema), la mayor diversidad se encontró bajo los álamos blancos (Populus alba), media de 1.168 especies por árbol, perteneciendo a 141 familias diferentes. Mientras que bajo los acebuches (Olea europaea var. sylvestris) la diversidad media fue de 599 especies y 95 familias. En contraste, los suelos donde no se había quitado la capa de lodo minero, ni se habían enmendado y reforestado, tenían una diversidad de hongos muy baja, de solo 51 especies y 20 familias. Aunque estas especies tienen interés por su tolerancia a condiciones extremas de acidez y concentraciones altas de elementos potencialmente tóxicos.

Diagrama de Venn con el número de UTOs de hongos en cada tipo de hábitat.

Empezamos a conocer la magnitud de la biodiversidad del suelo: cientos, miles de especies de hongos en cada muestra, pero todavía sabemos muy poco de la funcionalidad de cada una de estas especies. Comparando con la base de datos existente -“FUNguild”- se pudo asignar el grupo funcional a un 13,6% de las especies identificadas en el Corredor Verde. Dentro de esta muestra representativa (1.283 especies), el grupo funcional dominante correspondía a los hongos saprótrofos, que descomponen la materia orgánica y contribuyen al ciclado de nutrientes, apareciendo más ligados a los suelos de acebuche y pastizal. El segundo grupo más abundante estaba formado por los hongos patógenos de plantas, que fueron más representativos en las zonas no restauradas. En tercer lugar, los hongos ectomicorrícicos fueron muy abundantes, especialmente estaban asociados a los árboles con los que forman simbiosis (pinos y álamos).

La plantación de árboles en la recuperación de suelos contaminados (fitorremediación) aumenta la diversidad de los hongos del suelo, en especial de los ectomicorrícicos. Restaurando con diferentes especies de árboles, es decir formando un bosque mixto, se aumenta la heterogeneidad espacial en las condiciones del medio; en consecuencia, se consigue una mayor biodiversidad de los hongos del suelo y se potencian los servicios ecosistémicos en la zona recuperada.

El estudio se ha publicado en la revista Soil Biology and Biochemistry:

Gil-Martínez M, López-García Á, Domínguez MT, Kjøller R, Navarro-Fernández CM, Rosendahl S, Marañón T (2021). Soil fungal diversity and functionality are driven by plant species used in phytoremediation. Soil Biology and Biochemistry, 153: 108102.

El accidente de la mina de Aznalcóllar (Sevilla), en abril de 1998, fue una catástrofe ecológica y socioeconómica de gran repercusión internacional. La recuperación y restauración del área afectada por el vertido minero transformó una zona devastada y contaminada, en el actual Paisaje Protegido Corredor Verde del Guadiamar. A pesar de que la recuperación de la zona fue un éxito, la contaminación residual aún está presente en este espacio protegido.

Una de las principales amenazas del vertido fue la presencia de elementos traza potencialmente tóxicos, como As, Cd, Pb y Tl, en el suelo contaminado. Existe por tanto un riesgo de toxicidad por su posible transferencia desde el suelo a la cadena trófica, ya que los contenidos de estos elementos en concentraciones elevadas pueden ser perjudiciales para el ganado y los animales silvestres, así como para la salud humana.

Un equipo liderado por el investigador del IRNAS-CSIC José Manuel Murillo, junto con las investigadoras Paula Madejón, María Teresa Domínguez y Engracia Madejón, ha publicado el capítulo de libro titulado “Riesgos para la cadena trófica en el Corredor Verde del Guadiamar”. En este capítulo se recogen la mayor parte de los estudios realizados en el Corredor Verde sobre la transferencia de elementos traza a distintos niveles dentro de la cadena trófica, durante los 20 años transcurridos desde el accidente, y se evalúa el correspondiente riesgo potencial de toxicidad para animales y para el consumo humano.

Caballo pastando en el Corredor Verde del Guadiamar (foto de M.T. Domínguez).

Se describen con más detalle tres estudios de casos relevantes llevados a cabo por investigadores del IRNAS: el posible efecto tóxico sobre los caballos que pastan en el Corredor Verde, la acumulación de elementos traza en caracoles terrestres, y la transferencia y acumulación de elementos traza en setas. Tanto los caracoles como las setas son alimentos silvestres que pueden recolectarse en el Corredor Verde y ser consumidos por los vecinos de la zona.

Finalmente se explica razonadamente por qué se advierte a los vecinos de las poblaciones cercanas al Corredor Verde que no se recolecte para consumo humano ningún producto procedente de la zona contaminada.

Referencia

Madejón P, Madejón E, Domínguez MT, Murillo JM (2020). Riesgos para la cadena trófica en el Corredor Verde del Guadiamar. En: P Madejón y T Marañón (eds.), Recuperación de suelos y provisión de servicios ecosistémicos en el Corredor Verde del Guadiamar, págs. 113-135. Editorial CSIC, Madrid.

El accidente de la mina de Aznalcóllar (Sevilla), en abril de 1998, fue una catástrofe ecológica y socioeconómica de gran repercusión internacional. La posterior recuperación y restauración del área afectada por el vertido minero transformó una zona devastada y contaminada en el actual Paisaje Protegido Corredor Verde del Guadiamar.

Como parte de las actividades de transferencia del proyecto INTARSU se organizó en abril 2018 la Jornada de Investigación del XX Aniversario del Accidente Minero de Aznalcóllar, en el IRNAS-CSIC, Sevilla. En base a las ponencias presentadas en esas jornadas, la Editorial CSIC ha publicado en julio 2020 el libro titulado Recuperación de suelos y provision de servicios ecosistémicos en el Corredor Verde del Guadiamar, editado por los investigadores de INTARSU: Paula Madejón y Teodoro Marañón.

El capítulo final del libro resume los temas más importantes tratados en la mesa redonda, con la que se clausuró la jornada. El objetivo fue identificar y discutir los principales retos y oportunidades originados a partir del accidente minero.

Superar la catástrofe ambiental fue un gran reto para el medio natural de la cuenca del río Guadiamar y para la economía de la zona. Entre los retos a corto plazo destacó la recuperación urgente de los suelos contaminados; mientras que a largo plazo, se consideró fundamental mantener la vigilancia y el monitoreo de la zona contaminada. Un reto importante fue transmitir a los habitantes de la zona afectada que los riesgos de toxicidad, aunque reducidos, seguirían presentes a largo plazo. Desde el punto de vista de la conservación, el principal reto a medio y largo plazo fue consolidar el corredor ecológico que conecte Doñana y Sierra Morena; esta función ecológica debe ser compatible con el uso múltiple del Corredor. Con vistas al futuro, un reto preocupante fue la reapertura de la mina, que debe ser compatible con el mantenimiento de la calidad ambiental y el estado favorable de los ecosistemas. Se recordó el reto pendiente por ejecutar: “el que ha contaminado, que pague”.

Participantes de la mesa redonda; desde la izquierda: Teodoro Marañón (moderador), Miguel Ferrer, Emilio Galán, Paula Madejón, Francisco Cabrera, María Teresa Domínguez y Francisco Quirós.

Al mismo tiempo, la recuperación después del accidente también ofreció nuevas oportunidades. La oportunidad más relevante surgida después del accidente minero fue el impulso enorme a la investigación ambiental; en particular la relacionada con la recuperación de los suelos contaminados por elementos traza, y la evaluación de los efectos de estos elementos sobre plantas y animales. El Corredor Verde del Guadiamar ha sido un gran laboratorio natural donde se han ensayado diversas medidas de recuperación y se ha podido seguir la dinámica de los contaminantes. Para la Conservación fue una oportunidad contar con la localización privilegiada del río Guadiamar y la posibilidad de conectar las poblaciones aisladas de la fauna de Doñana con las del gran territorio natural de Sierra Morena. Al mismo tiempo, se ha abierto un nuevo espacio natural con oportunidad para realizar actividades recreativas y de ecoturismo. Se sugirió que una oportunidad futura para el complejo minero de Aznalcóllar puede ser el desarrollo de nuevas tecnologías mineras más limpias y sistemas más fiables.

Referencia

Marañón, T. (2020). Retos y oportunidades después de la catástrofe ambiental de Aznalcóllar. En: P. Madejón y T. Marañón (eds.). Recuperación de suelos y provision de servicios ecosistémicos en el Corredor Verde del Guadiamar, págs. 195-206. Editorial CSIC, Madrid.

ISBN: 978-84-00-10636-2

Las raíces de los árboles tienen múltiples funciones que son esenciales para su crecimiento y supervivencia. Entre ellas, la adquisición de nutrientes y agua del suelo, almacenamiento de reservas, soporte de los microbios simbióticos y anclaje al sustrato. También contribuyen a la estructura del suelo y a los ciclos de carbono y nutrientes del ecosistema.

Investigadores del IRNAS-CSIC, en colaboración con las Universidades de Sevilla y de Córdoba, han estudiado la variación de 27 rasgos radicales (morfológicos, químicos e isotópicos) en siete especies de árboles plantadas en el Corredor Verde del Guadiamar (Sevilla, España). Tres especies eran caducifolias: álamo blanco (Populus alba), fresno (Fraxinus angustifolia) y almez (Celtis autralis), mientras que las otras cuatro eran perennifolias: pino piñonero (Pinus pinea), encina (Quercus ilex), acebuche (Olea europaea) y algarrobo (Ceratonia siliqua).

La tendencia principal de variación observada en los rasgos radicales apoya la hipótesis del “espectro de economía de la raíz”. Existe un compromiso entre especies con raíces más ligeras y mayor longitud por unidad de masa que maximizan la adquisición de recursos y les permiten crecer rápidamente en condiciones favorables. Por el contrario, especies con raíces densas y menor longitud específica tienden a la conservación de recursos y el crecimiento lento en condiciones adversas.

Pero existen además otras dimensiones que reflejan la multi-funcionalidad de las raíces. 1) la concentración de carbono, que no estuvo correlacionada con las variables morfológicas de la raíz, 2) la capacidad para ligar elementos traza (por ejemplo, Pb y Cd) en las células radicales, que suele estar asociada al nivel de tolerancia a la contaminación del suelo, y 3) el fraccionamiento del isótopo de nitrógeno N15 como un rasgo integrado de la nutrición mediada por micorrizas.

En general, las raíces y las hojas están funcionalmente coordinadas. La adquisición rápida de agua y nutrientes por las raíces debe estar acoplada a la rápida captura y procesado de carbono por las hojas. Sin embargo, se encontró una discordancia notable entre raíces y hojas, en cuanto a la acumulación de diversos elementos traza.

Las condiciones del suelo y en particular la contaminación por elementos traza afectan a la morfología y la química de las raíces de las diferentes especies de árboles. Existen interacciones recíprocas y procesos de retroalimentación (feedback) entre el suelo y las raíces.

Un rasgo fisiológico de la raíz con particular interés es su capacidad para reducir la disponibilidad de elementos traza en el suelo, en especial de los que son potencialmente tóxicos (Cd, Pb, As). Se recomienda plantar árboles con un potencial elevado de “fitoestabilización” para recuperar los suelos contaminados por metales.

Este estudio ha sido publicado en el número de abril de la revista Plant and Soil:

Marañón, T., Navarro-Fernández, C. M., Gil-Martínez, M., Domínguez, M. T., Madejón, P., Villar, R. (2020). Variation in morphological and chemical traits of Mediterranean tree roots: linkage with leaf traits and soil conditions. Plant and Soil, 449: 389-403.

Las interacciones entre los árboles y el suelo son responsables de la provisión de numerosos servicios ecosistémicos del bosque, como el secuestro de carbono, la protección de la erosión, la mejora de la fertilidad o la estabilización de contaminantes.

En el XXV Congreso Mundial de la IUFRO (Unión Internacional de Organizaciones de Investigación Forestal) que ha tenido lugar en Curitiba (Brasil) del 29 septiembre al 5 octubre, se ha dedicado una sesión (E8d,g) a las “Interacciones planta-suelo en bosques”.

En esta sesión se ha presentado una comunicación oral con la síntesis de los principales resultados del proyecto INTARSU sobre las interacciones entre el arbolado y el suelo en el Corredor Verde del Guadiamar (Sevilla, España).

1) Las diferentes especies de árbol afectan a las propiedades del suelo de forma diferente. Por ejemplo, el pH del suelo bajo pinos (Pinus pinea) y encinas (Quercus ilex) fue inferior que bajo otras cinco especies arbóreas de la misma zona de estudio. Estas diferencias de pH tienen importantes consecuencias en la movilidad de los elementos traza y su transferencia a las plantas (Madejón et al., 2018, Catena 166: 34-43).

2) La micobiota del suelo fue diferente en diversidad y composición bajo acebuche (Olea europaea), pino piñonero (Pinus pinea) y álamo blanco (Polulus alba), y respecto al pastizal adyacente. La aforestación representó un incremento del 100% de la diversidad fúngica del suelo, respecto a una zona recuperada (solo con pastizal). Se identificaron un total de 6.535 OTUs (unidades taxonómicas operativas) que representa una estima de la diversidad gamma de los hongos del suelo en la zona de estudio (Gil-Martínez et al., en preparación).

La diversidad funcional (según la base de datos FUNGuild) estuvo representada principalmente por tres grupos funcionales: saprótrofos (68% de los OTUs), patógenos/parásitos (18%) y micorrizas (12%). Dentro del grupo de hongos micorrícicos, los arbusculares estuvieron asociados a las muestras de suelo bajo acebuche y en pastizal, mientras que las ectomicorrizas fueron abundantes en el suelo bajo álamo y bajo pino.

3) El caso de los hongos micorrícicos es relevante por su simbiosis con los árboles. Se estudiaron las comunidades de hongos ectomicorrícicos muestreando los ápices radicales en 40 encinas (Q. ilex) distribuidas en 4 sitios del Corredor Verde. Se identificaron 55 OTUs, con una media de 3,8 especies de hongo por árbol. Los parámetros químicos del suelo que tuvieron mayor influencia sobre la composición de las comunidades fúngicas fueron el contenido total de carbono y las concentraciones de calcio, cobre, níquel y cinc (López-García et al., 2018, Soil Biol Biochem 121: 202-211).

A su vez, la composición de las comunidades de hongos ectomicorrícicos tuvo influencia significativa sobre algunos procesos suelo-árbol, como la acumulación de fósforo en las hojas, y la tasa de transferencia de cinc del suelo a la raíz (Gil-Martínez et al., 2018, Front Plant Sci : 1682).

4) Los hongos del suelo tienen un papel importante en la descomposición de la materia orgánica y el ciclado de nutrientes, mediante la acción de enzimas extracelulares. Se ha comprobado que la actividad de beta-glucosidasa (enzima que contribuye a la degradación de la celulosa) en el suelo bajo álamos y pinos fue casi el doble que bajo acebuche y en pastizal adyacente. Se puede inferir un proceso de retroalimentación de las diferentes especies de árbol influyendo sobre la composición y abundancia de hongos del suelo, y la tasa de actividad enzimática, que a su vez promueve la descomposición de la materia orgánica y la liberación de nutrientes, que son captados por el árbol (Gil-Martínez et al., 2018, Proc. Mine Closure 2018, Leipzig, pp. 636-647).

Como síntesis, existen interacciones complejas entre el subsistema aéreo y el subterráneo de un ecosistema forestal. Se han mostrado diversos ejemplos de procesos de retroalimentación árbol-microbiota-suelo en el Corredor Verde del Guadiamar. La captación de metales por el árbol está influida por el pH del suelo, que a su vez puede ser modificado por las características de la hojarasca y los exudados de las raíces. La composición y diversidad de los hongos del suelo forestal está afectada por la identidad del árbol; por otra parte, las comunidades de hongos micorrícicos influyen sobre propiedades del árbol, como la concentración foliar de fósforo y la transferencia suelo-raíz de cinc. Los árboles influyen sobre las actividades enzimáticas en el suelo, que a su vez afectan al ciclado de nutrientes y a su captación por los árboles.

La copia en pdf de las diapositivas de la presentación oral se puede consultar en Digital CSIC.

La evaluación de los servicios ecosistémicos es una herramienta que sirve para apoyar y justificar la gestión sostenible del suelo.

Investigadores del IRNAS, CSIC han participado en el desarrollo de una metodología para la evaluación de servicios ecosistémicos asociados al suelo, formando parte del consorcio europeo RECARE.

Se han comparado los resultados de 26 medidas ensayadas para la recuperación de suelos degradados, a partir de 16 estudios de caso en Europa. En particular, los investigadores del IRNAS han evaluado los resultados de la aplicación de enmiendas (compost de biosólidos) y plantación de árboles (acebuche) en suelos contaminados y recuperados del Corredor Verde del Guadiamar.

La nueva metodología se ha aplicado para evaluar los impactos de cada una de las 26 medidas en los servicios ecosistémicos. Se han seleccionado 15 servicios ecosistémicos relevantes, agrupados en servicios de abastecimiento, de regulación y culturales. En general, las medidas de recuperación aplicadas al suelo produjeron un cambio positivo en los servicios ecosistémicos. Entre los servicios de regulación, la “mediación de los flujos” (protección de la erosión) y la “mediación de residuos y tóxicos” (estabilización de contaminantes) fueron los servicios con impactos positivos más importantes.

La metodología también sirvió para detectar las sinergias y los compomisos (trade-off) entre servicios ecosistémicos. Este enfoque holístico puede servir de base para la valoración de los beneficios de cada servicio ecosistémico y la gestión integrada del terreno o paisaje evaluado.

Los resultados han sido publicados en el número de diciembre 2018 de la revista de libre acceso Sustainability:

Gudrun Schwilch, Tatenda Lemann, Örjan Berglund, Carlo Camarotto, Artemi Cerdà, Ioannis N. Daliakopoulos, Silvia Kohnová, Dominika Krzeminska, Teodoro Marañón, René Rietra, Grzegorz Siebielec, Johann Thorsson, Mark Tibbett, Sandra Valente, Hedwig van Delden, Jan van den Akker, Simone Verzandvoort, Nicoleta Olimpia Vrînceanu, Christos Zoumides, Rudi Hessel (2018), Assessing impacts of soil management measures on Ecosystem Services. Sustainability, 10 (12), 4416, doi:10.3390/su10124416.