Saltar al contenido

Retos y oportunidades tras una catástrofe ambiental

El accidente de la mina de Aznalcóllar (Sevilla), en abril de 1998, fue una catástrofe ecológica y socioeconómica de gran repercusión internacional. La posterior recuperación y restauración del área afectada por el vertido minero transformó una zona devastada y contaminada en el actual Paisaje Protegido Corredor Verde del Guadiamar.

Como parte de las actividades de transferencia del proyecto INTARSU se organizó en abril 2018 la Jornada de Investigación del XX Aniversario del Accidente Minero de Aznalcóllar, en el IRNAS-CSIC, Sevilla. En base a las ponencias presentadas en esas jornadas, la Editorial CSIC ha publicado en julio 2020 el libro titulado Recuperación de suelos y provision de servicios ecosistémicos en el Corredor Verde del Guadiamar, editado por los investigadores de INTARSU: Paula Madejón y Teodoro Marañón.

El capítulo final del libro resume los temas más importantes tratados en la mesa redonda, con la que se clausuró la jornada. El objetivo fue identificar y discutir los principales retos y oportunidades originados a partir del accidente minero.

Superar la catástrofe ambiental fue un gran reto para el medio natural de la cuenca del río Guadiamar y para la economía de la zona. Entre los retos a corto plazo destacó la recuperación urgente de los suelos contaminados; mientras que a largo plazo, se consideró fundamental mantener la vigilancia y el monitoreo de la zona contaminada. Un reto importante fue transmitir a los habitantes de la zona afectada que los riesgos de toxicidad, aunque reducidos, seguirían presentes a largo plazo. Desde el punto de vista de la conservación, el principal reto a medio y largo plazo fue consolidar el corredor ecológico que conecte Doñana y Sierra Morena; esta función ecológica debe ser compatible con el uso múltiple del Corredor. Con vistas al futuro, un reto preocupante fue la reapertura de la mina, que debe ser compatible con el mantenimiento de la calidad ambiental y el estado favorable de los ecosistemas. Se recordó el reto pendiente por ejecutar: “el que ha contaminado, que pague”.

Participantes de la mesa redonda; desde la izquierda: Teodoro Marañón (moderador), Miguel Ferrer, Emilio Galán, Paula Madejón, Francisco Cabrera, María Teresa Domínguez y Francisco Quirós.

Al mismo tiempo, la recuperación después del accidente también ofreció nuevas oportunidades. La oportunidad más relevante surgida después del accidente minero fue el impulso enorme a la investigación ambiental; en particular la relacionada con la recuperación de los suelos contaminados por elementos traza, y la evaluación de los efectos de estos elementos sobre plantas y animales. El Corredor Verde del Guadiamar ha sido un gran laboratorio natural donde se han ensayado diversas medidas de recuperación y se ha podido seguir la dinámica de los contaminantes. Para la Conservación fue una oportunidad contar con la localización privilegiada del río Guadiamar y la posibilidad de conectar las poblaciones aisladas de la fauna de Doñana con las del gran territorio natural de Sierra Morena. Al mismo tiempo, se ha abierto un nuevo espacio natural con oportunidad para realizar actividades recreativas y de ecoturismo. Se sugirió que una oportunidad futura para el complejo minero de Aznalcóllar puede ser el desarrollo de nuevas tecnologías mineras más limpias y sistemas más fiables.

Referencia

Marañón, T. (2020). Retos y oportunidades después de la catástrofe ambiental de Aznalcóllar. En: P. Madejón y T. Marañón (eds.). Recuperación de suelos y provision de servicios ecosistémicos en el Corredor Verde del Guadiamar, págs. 195-206. Editorial CSIC, Madrid.

ISBN: 978-84-00-10636-2

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *